Cap. 7 Los Duhaa

Escrito por valeariza 10-03-2017 en caballos. Comentarios (0)


Para los herederos de Genghis Kan las tormentas eléctricos funcionan como la kryptonita para Superman: de guerreros poderosos se transforman en cachorros asustados. Y ahí me sentía como entre mis hermanos: lo único en la vida que realmente me asusta son esos estruendos centelleantes que rajan el cielo, taladran mis oídos y me suspenden el corazón. Pero no planeaba tener que enfrentarme a mis miedos profundos, tener que cruzar el paso de piedra de una montaña en el medio de una tormenta eléctrica. Fue una de las locuras más espeluznantes que me ha tocado vivir. Veía como los rayos caían sobre esas piedras a las que me dirigía como vaca al matadero. Las crines de mi caballo paradas de punta por la estática. Las caras de terror de los hermanos Nim-Huu y Nim Dalaa hacían que quisiera que me cayera un rayo YA y terminara con esta tortura. En lo más alto, por un trillo estrecho entre las rocas, los mongoles contaron "3, 2, 1 chuuuu chuuu chuuuu" y todos entendimos que cuánto más rápido pasáramos menos chance de freírnos en la ira del cielo, así que a todo lo que daban esas patas cortas pero rápidas finalmente cruzamos...sanos y salvos. Así arrancó el día, como para despabilarme.

El resto del viaje subiendo las montañas fue tedioso. La mañana eléctrica me dejó agotada, el ascenso era por un terreno de barro, los caballos se hundían hasta los garrones. Avanzaban con dificultad lo cual nunca me había molestado antes, porque nunca había montado por 3 horas así. Tenía las rodillas entumecidas de tanto andar al paso, el asiento dormido y me sentía en low-bat. La última hora del viaje fue un sacrificio, no dába más. Entonces alguien mencionó que estábamos a 2.500 metros de altura...Ya me sirvió para poder seguir los últimos kilómetros con otra onda, la culpa es de la altura.

Encontrarme descansando adentro de la carpa del jefe Duhaa, tomando leche de reno y conversando con él, mientras unas señoras limpiaban un cuero de reno hizo que todo hubiera valido la pena. Volvía la sensación de surrealismo....cuando el hombre viejo abrió los ojos incrédulo cuando escuchó de dónde venía yo. Sabía donde estaba Uruguay, él mismo me dijo: "Sud América?". Esta gente vive totalmente aislada del mundo, un clan de 16 familias viviendo en la Siberia, bajan de la montaña en invierno y suben en verano porque los renos se alimentan de líquenes que crecen solamente allí. Se visten con pieles de reno, se alimentan de carne y leche de reno, usan las guampas del reno para todas las herramientas, y por supuesto se trasladan sobre los lomos de los renos. Estos animales andan sueltos alrededor de las carpas, muy parecidas a los teepees norteamericanos. Pero la educación del sistema ruso llegaba hasta allí, los niños Duhaa van pupilos a la escuela del valle, saben de geografía, matemática, arte e historia.

Mis caravanas de perlas andarán todavía por ahí, una anciana de mirada dulce me las pidió para su nieta recién nacida, y me ofreció a cambio un pequeño cuchillo que ella misma había hecho, con el mango de guampa de reno, tallado con dibujos de reno, en un sobre de cuero de reno: un tesoro.

Los tres días pasaron haciendo trueques, ordeñando renos, jugando con los niños carreras de renos, llevando los renos a pastar, descansando en el monte con nuestros caballos, los renos y los perros-lobo del lugar. Cortando leña, pelando cueros, conversando mucho. Los hermanos Nim-Huu y Nim Dalaa se entretuvieron enseñándome palabras en mongol, y hasta me dibujaron animales y un paisaje de la aldea Duhaa en mi diario al que le escribieron las palabras que consideraron más importantes de la vida: caballo, monte, arroyo, lluvia, sol, fuego, arcoiris, carpa, luna. Otro tesoro.