Blog de valeariza

Cap. 6 Riquezas

Escrito por valeariza 10-03-2017 en caballos. Comentarios (0)

Íbamos terminando de cruzar el valle Darhat, llegando a las montañas del Norte. Se veían imponentes, no imaginaba cómo sería cruzarlas a caballo, parecían una pared de piedra y nieve imposible de escalar. Hoy era el último día en el valle, mañana comenzaríamos el ascenso hacia la frontera con la Siberia rusa.

Por las mañanas, al levantarnos, los caballos siempre se habían perdido de vista. En la estepa mongol no hay alambrados, ni potreros, ni árboles. La estrategia para contener los caballos durante la noche es un cálculo mental según la cantidad de pasto disponible; eso da como resultado en cuántas horas esas panzas equinas estarán llenas antes de comenzar a caminar. Así que sueltan los caballos acorde a ese cálculo. Los hermanos miraban para un lado, miraban para el otro y salían decididos en una dirección: inequívocamente volvían a los 20 minutos con la manada completa. Los primeros días los acompañé. Después me fue designada otra tarea, una que jamás creí útil allí: preparar el mate. Los mongoles se hicieron adictos al mate, tanto que como si estuviera con cualquier paisano oriental: "nosotros vamos a buscar los caballos, vos andá preparando el mate!" Esto sí era surrealista!!! Corría mi mate de mano en mano, mongoles, el alemán, los gringos y la uruguaya...quien más quien menos se prendía aunque sea para ser parte de la ronda matutina. 

Disfruté de un lugar bastante alto en el orden de "privilegios". Los americanos habían llevado linternas, brújulas baratas y barritas de cereales...pero nada se comparaba con el éxito del mate y los Marlboro que había llevado para hacer trueques, lograba invitaciones a los ghers, conciertos de música, cantos de garganta, queso de leche de yegua, invitaciones para tomar te, vodka, arándanos, abrazos, besos, besos dobles, y muchas conversaciones en ese idioma quiensabequé. 

Esta tarde antes de cruzar la montaña, Nim-Dalaa el mayor de los hermanos, tuvo el gesto más generoso de la cultura mongol. Se bajó de su tostado parejero, y me lo ofreció. Me tiré de mi tordillo y acepté encantadísima. Pasé una tarde en silencio, nadie me hablaba por respeto, para dejarme disfrutar en paz. En los galopes desenfrenados pasaba a la delantera en un abrir y cerrar de ojos. Una cosa tan simple y sin embargo para mí fue el evento de la semana.

Pasamos la noche en el campamento de la familia de los hermanos, y fui invitada a dormir junto con los mongoles en uno de sus gher. Por dentro adornados con alfombras y telas de colores, los muebles también pintados con colores brillantes. La estufa en el medio siempre con té. Contra la pared están las camas y colchones. Y cuando hay visitas ofrecen una cena modesta hecha de algún caldo de carne de oveja y queso agrio seco. Bajan a los viejos y los niños de sus camas para que los invitados descansen mejor. De madrugada entran a ponerle leña a la estufa constantemente. Por la mañana preparan té. No preguntan mucho, no hablan demasiado pero son muy cariñosos. Y siempre se despiden con pena, como quien despide a un amigo que no verá por mucho tiempo.


Cap. 7 Los Duhaa

Escrito por valeariza 10-03-2017 en caballos. Comentarios (0)


Para los herederos de Genghis Kan las tormentas eléctricos funcionan como la kryptonita para Superman: de guerreros poderosos se transforman en cachorros asustados. Y ahí me sentía como entre mis hermanos: lo único en la vida que realmente me asusta son esos estruendos centelleantes que rajan el cielo, taladran mis oídos y me suspenden el corazón. Pero no planeaba tener que enfrentarme a mis miedos profundos, tener que cruzar el paso de piedra de una montaña en el medio de una tormenta eléctrica. Fue una de las locuras más espeluznantes que me ha tocado vivir. Veía como los rayos caían sobre esas piedras a las que me dirigía como vaca al matadero. Las crines de mi caballo paradas de punta por la estática. Las caras de terror de los hermanos Nim-Huu y Nim Dalaa hacían que quisiera que me cayera un rayo YA y terminara con esta tortura. En lo más alto, por un trillo estrecho entre las rocas, los mongoles contaron "3, 2, 1 chuuuu chuuu chuuuu" y todos entendimos que cuánto más rápido pasáramos menos chance de freírnos en la ira del cielo, así que a todo lo que daban esas patas cortas pero rápidas finalmente cruzamos...sanos y salvos. Así arrancó el día, como para despabilarme.

El resto del viaje subiendo las montañas fue tedioso. La mañana eléctrica me dejó agotada, el ascenso era por un terreno de barro, los caballos se hundían hasta los garrones. Avanzaban con dificultad lo cual nunca me había molestado antes, porque nunca había montado por 3 horas así. Tenía las rodillas entumecidas de tanto andar al paso, el asiento dormido y me sentía en low-bat. La última hora del viaje fue un sacrificio, no dába más. Entonces alguien mencionó que estábamos a 2.500 metros de altura...Ya me sirvió para poder seguir los últimos kilómetros con otra onda, la culpa es de la altura.

Encontrarme descansando adentro de la carpa del jefe Duhaa, tomando leche de reno y conversando con él, mientras unas señoras limpiaban un cuero de reno hizo que todo hubiera valido la pena. Volvía la sensación de surrealismo....cuando el hombre viejo abrió los ojos incrédulo cuando escuchó de dónde venía yo. Sabía donde estaba Uruguay, él mismo me dijo: "Sud América?". Esta gente vive totalmente aislada del mundo, un clan de 16 familias viviendo en la Siberia, bajan de la montaña en invierno y suben en verano porque los renos se alimentan de líquenes que crecen solamente allí. Se visten con pieles de reno, se alimentan de carne y leche de reno, usan las guampas del reno para todas las herramientas, y por supuesto se trasladan sobre los lomos de los renos. Estos animales andan sueltos alrededor de las carpas, muy parecidas a los teepees norteamericanos. Pero la educación del sistema ruso llegaba hasta allí, los niños Duhaa van pupilos a la escuela del valle, saben de geografía, matemática, arte e historia.

Mis caravanas de perlas andarán todavía por ahí, una anciana de mirada dulce me las pidió para su nieta recién nacida, y me ofreció a cambio un pequeño cuchillo que ella misma había hecho, con el mango de guampa de reno, tallado con dibujos de reno, en un sobre de cuero de reno: un tesoro.

Los tres días pasaron haciendo trueques, ordeñando renos, jugando con los niños carreras de renos, llevando los renos a pastar, descansando en el monte con nuestros caballos, los renos y los perros-lobo del lugar. Cortando leña, pelando cueros, conversando mucho. Los hermanos Nim-Huu y Nim Dalaa se entretuvieron enseñándome palabras en mongol, y hasta me dibujaron animales y un paisaje de la aldea Duhaa en mi diario al que le escribieron las palabras que consideraron más importantes de la vida: caballo, monte, arroyo, lluvia, sol, fuego, arcoiris, carpa, luna. Otro tesoro.


Cap. 8 El Chamán

Escrito por valeariza 10-03-2017 en caballo. Comentarios (0)


Despues de un par días bajando las montañas de la Siberia, llegamos otra vez al Valle Darhat. Se avecinaban lluvias, y nos detuvimos en un refugio de madera muy amplia, que tenía una cocina enorme. Maggie, la cocinera que nos acompañó toda la aventura, estaba encantada de no tener que cocinar arriba del camión que llevaba nuestros bolsos y los víveres. Maggie y yo estábamos muy unidas. Ella me abrazaba y hasta me arrullaba, yo no podía escapar del modo fetal en el que me sumía en los brazos de aquella señora mongol que me acunaba como si yo fuera un bebé. Me cantaba con una voz tan dulce lo que me parecía serían canciones de cuna. Me hablaba como quien calma a un bebé, y para mí, estando tantos días tan lejos era un oasis. Fantaseaba que Maggie me había adoptado.

Pasamos un par de días en el refugio, algunos pescando truchas, otros jugando cartas mongol con los hermanos Nim-Huu y Nim-Dalaa, o de caminatas al costado del arroyo si paraba de llover. Vodka y cuentos de lobos y osos feroces para irnos a dormir.
Una de esas tardes salimos a pasear con Michig en el camión ruso, visitando varias familias. Así dimos con un rancho de madera que era el hogar del Chamán del lugar.

Al entrar quedamos boquiabiertos, la excentricidad sobrepasaba nuestra imaginación: el suelo tapado de alfombras, las paredes tapizadas de telas brillantes, coloridas y con estampados exóticos. Una cocina de hierro, utensilios colgados por doquier. Patas de liebres, cabezas de lobos, cráneos de vacas, dientes de quiensabequé, ramitas, plumas, ojos de ranas, moco de anguila y otros ingredientes brujeriles. No me alcanzaron los ojos, el tiempo, la mente y la edad(?) para entender la décima parte de lo que presencié ese día. El Chaman, vestido con ropajes, con flecos turquesa y bordado con figuras de animales: caballos, lobos, toros, ovejas, felinos, pájaros, osos y renos. Tenía botas de piel, un sombrero en punta con colgajos y plumas, y la cara tapada por flecos. Tocaba un "tambor" contra su cara de forma rítmica mientras entonaba cánticos, saltaba, giraba y entraba en una especie de trance. Su esposa y su hija lo ayudaban a mantener el equilibrio cada tanto, prendían cigarros y le pasaban pitadas, servían vodka y le pasaban el vaso que bajaba de un trago. Por momentos era un oso, de pronto era un ave, de golpe parecía un caballo. En un momento creí que se hizo lobo...sentí mi propia piel erizada de impresión. Y aunque estábamos todos juntos ahí adentro se sentía como si estuviéramos solos con ese ser que se transformaba en mil animales por minuto, imposible definir qué era ni a qué especie pertenecía, ni siquiera podía identificarlo con alguien del pasado, menos del presente, parecía sacado de una película del futuro apocalíptico. 

Cuando terminó su ritual, se cambió a su look cotidiano, entonces apareció como un hombre pequeño, pícaro y simpático, con el cual era posible conversar. Proveniente de una 5ta generación de chamanes, su don era la comunicación con sus ancestros, le preguntaba a los dioses de la naturaleza materializados en espíritus de animales sobre el pasado, presente y futuro. Mis Marlboro uruguayos lo fascinaron y conversé con él largo y tendido. No olvidaré jamás su mirada directa: me sentía que me leía el corazón, algunas de las cosas que me dijo me acompañan aún hoy, y su abrazo de despedida me hizo emocionar tanto que cuando volví al refugio Maggie me miró, miró la pluma que yo traía colgada de souvenir, y me abrazó un rato largo, en silencio sin preguntarme nada.


Cap 9. Mongólicos

Escrito por valeariza 10-03-2017 en caballos. Comentarios (0)

Los días pasaban, y ya habíamos perdido la noción del tiempo y por momentos hasta del espacio. Parecía que nuestras vidas eran solamente los lomos de esos caballos mongoles, las pocas pertenencias que llevábamos y ese valle inmenso. Los bordes de ese Universo eran las majestuosas montañas de Siberia que se veían en todos los puntos cardinales bordeando el Valle Darhat. 

Ya nadie hablaba de su país, poco de las familias y era de mala educación hablar sobre el trabajo. Estábamos viviendo en el Presente. Sin planificación, sin preguntar a qué hora salimos, ni cuándo llegamos, ni a dónde vamos...todos simplemente íbamos, juntos, siendo: los paisajes increíbles, los aullidos de los lobos en la noche, los arcoiris más brillantes del mundo, la hospitalidad sin límite de los mongoles, la adaptación del hombre en la naturaleza extrema, la fiereza de los herederos de Ghenghis Khan. El paso de los caballos nos llevaba casi adormecidos, los galopes tendidos nos despertaban por un rato. El cansancio de días acumulado, la sensación de estar en otra realidad y la tontera generalizada de un grupo de humanos conviviendo tantos días…parecíamos drogados: miles de bromas bobas, complicidad, risas. Creí deducir que de ese estado venía el término "mongólico" y orgullosamente lo transitaba. Hoy recuerdo esa reflexión, y evidencio en ese razonamiento de pobre lógica, que mi razón estaba falta de práctica, pero mi corazón rebozante de claridad.

"Un frente frío se aproxima, esta noche necesitamos acampar dentro del bosque". Sentí angustia porque tenía ya puesto todo el abrigo que llevaba. Me acosté en mi carpa, preocupada por el frío, con variados artículos prestados de mis colegas que intentaron ayudarme. 
A la mañana siguiente, abro  mi carpa y veo el bosque de pinos cubierto por una capa de nieve tan gruesa que no se veía el suelo. 

Los caballos pisaban doble: una primer pisada suave hasta donde terminaba la nieve y tanteaban el suelo, y una segunda pisada con firmeza hasta suelo. Podían detectar una rama caída, una piedra o un pozo. Los ví rascar la nieve con las manos para encontrar pasto debajo, correr la nieve con el hocico para tomar agua. Los ví saltar una cañada que no se veía. Tuvimos que dejar que ellos encontraran el trillo que no se veía, caminando hasta los garrones en nieve...kilómetros y kilómetros, dos días de viaje blanco, el sonido del paso doble de los caballos en la nieve; los hermanos Nim-Huu y Nim-Dallah cantaban con voces graves que hacían un icreíble eco en las montañas, con nostalgia porque ya estábamos llegando a destino.


OFERTA! Equitación de Outlet

Escrito por valeariza 29-08-2016 en Deportes ecuestres. Comentarios (0)

En este mundo comercial de ofertas, promos y descuentos parece que pagar un precio justo es para los tontos. Si sos jinete y te hace ruido ver anuncios de clases de equitación a precios bajos; o si tenés un negocio ecuestre y estás pensando en una estrategia para sobrevivir…quizás esta nota te resulte interesante.

El sistema de “Escuela de Equitación” le permite a un jinete principiante tomar clases de equitación montando los caballos de la escuela. Así al cliente se le facilita el inicio al deporte ecuestre, sin ser propietario de un caballo. Las clases de equitación de las Escuelas tienen un costo promedio de USD 120 (dólares) por 4 clases al mes (USD 30 por clase promedio).

Costos: un caballo deportivo alojado en un centro ecuestre tiene un costo de mantenimiento promedio de USD 350 por mes.  A ese costo hay que sumarle el costo del docente, costos variables muy significativos en la economía de una escuela (emergencias veterinarias), el retorno de la inversión inicial y/o  pago de préstamos (compra de caballos y equipos).

Para los caballos de Escuela se necesita un equilibrio entre lo económicamente viable y la cantidad de clases por día aceptables para el bienestar del caballo, teniendo en cuenta que trabajan mayoritariamente con principiantes que no generan mayor desgaste físico. Trabajé por más de 10 años en este rubro, y tuve mi propia Escuela, y así aprendí que ese equilibrio se encuentra en el número  2.

Dos (2) es el número promedio de clases por caballo por día que le permite a toda escuela de equitación encontrar ese equilibrio. Si un caballo trabaja en más de 2 clases por día en forma sostenida en el tiempo, comienzan  las lesiones por esfuerzo, pérdida de peso, decaimiento, irritabilidad, entre otros. Si su promedio es bajo, pierde su rentabilidad.

Las Escuelas de Equitación sufren económicamente, están siempre luchando por sobrevivir. Y además, llegar a ese promedio de 2 clases por caballo por día es más fácil de decir que de hacer. Existen horarios pico donde los clientes quieren montar: a la salida del horario escolar y los sábados. Así que las Escuelas viven el malabarismo de tener que costear varios caballos para los cuales necesitan 50-60 clientes. Esos 50 jinetes piden montar en el mismo horario y días, quieren grupos pequeños y quieren elegir el caballo que montan. Es una pesadilla. A eso le sumamos que la mayoría de los Directores de estas escuelas somos jinetes, profesores o gente de caballos… obligados a dirigir un negocio comercialmente desafiante sin herramientas de estrategias comerciales, marketing o emprendedurismo.

Las Escuelas, en su preocupación por mantenerse con vida y captar más clientes pueden tentarse de publicar ofertas con precios bajos.

Entonces si efectivamente logran el objetivo de aumentar clientes, el mismo caballo pasa a trabajar 4 o 5 clases por día. Eso está por encima de lo que según el criterio de bienestar animal puede considerarse adecuado. No estamos hablando de un día esporádico, eso sucede en cualquier escuela, estamos hablando de días consecutivos de 4 o 5 clases TODOS los días del mes. Eso es definitivamente DEMASIADO! De esta forma el que pierde es el caballo, aunque el negocio logra sobrevivir…si es que logra retener a sus antiguos clientes que ven el decaimiento en la calidad. 

Más grave es cuando no logran aumentar la cantidad de clientes tanto como esperaban, el caballo trabaja 2 clases por día equilibradamente, pero con el bajo precio no logra cubrir costos de mantenimiento mensual. La situación dependerá de la solidez económica de cada escuela, pero no hay que ser un genio para predecir que deberán reducir costos: alimentación (se baja la cantidad y calidad), herrero (cada 60 días en lugar de cada 30), veterinario (se medican sin prescripción veterinaria y no se consulta salvo emergencias graves), se contratan docentes sin experiencia con honorarios bajos, no se recambian los equipos, etc. En este caso sufren los caballos, y sufre el negocio que baja radicalmente su calidad con el riesgo de perder los clientes que tenía antes de la oferta.

El mercado es pequeño, y nuestro deporte apunta a un segmento muy específico. Las ofertas y promociones son comercialmente exitosas en otro tipo de modelos comerciales donde hay excedentes, márgenes altos, productos masivos. Por eso antes de publicar una oferta para un producto de un segmento tan pequeño como la equitación es necesario hacer bien las cuentas: la cantidad de clases que proyectamos aumentar debe ser acorde al descuento que estamos ofreciendo. De otra forma la escuela estará trabajando más, pero por menos ingresos, bajando así su rentabilidad.

Y lo peor, es contagioso. Las otras escuelas, asustadas ante la amenaza de perder su porción del mercado, reducen sus precios para poder competir y terminan en una situación igual. La misma torta se divide en la misma cantidad de porciones, pero con una ganancia menor. Es un modelo en el que pierden todos: caballos, clientes, empresarios, empleados y clubes.

La estrategia más asertiva es analizar costos reales con alguien que entienda de finanzas, apuntar a calidad y no a cantidad es más realista y acorde a nuestro mercado.

Una palabra de aliento para las Escuelas que cobran precios justos: no bajen los brazos, no bajen los precios, ustedes van por el buen camino, el de la calidad y la sobrevivencia a largo plazo!

Como profesionales del deporte ecuestre es nuestro rol asegurarnos de que los caballos tengan una excelente calidad de vida, y un volumen de trabajo acorde a los parámetros del Bienestar Animal. Esa parte del negocio debe estar clara y ser una condición no negociable, un principio inamovible.

Como consumidores de este servicio es un deber prestar atención: que los caballos vivan en buenas condiciones, estén bien cuidados y no estén sobre-exigidos en cantidad de trabajo. Como contrapartida debemos estar dispuestos a pagar un precio justo que lo permita.

Para tus clases de equitación busca calidad en lugar de precio, ganarán los caballos, la calidad del servicio y la supervivencia de este sistema tan importante en la generación de nuevos jinetes!

Foto: CriCric Photos